
2011-06-14
Numerosos estudios señalan que la caza produce efectos negativos incluso en santuarios para la fauna, donde la caza está estrictamente prohibida
El impacto de la caza en la fauna silvestre es un fenómeno complejo y poco conocido, especialmente en lo que a sus efectos indirectos se refiere. Mientras que “ilustres cazadores y portavoces” de estos colectivos señalan que para gestionar la naturaleza es imprescindible el uso de las armas, numerosos trabajos señalan el impacto, a largo plazo, que esta actividad genera en espacios comunes y públicos, e incluso en santuarios para la fauna, donde la caza está estrictamente prohibida y donde, aparentemente no deberían encontrarse efectos negativos.
Para evaluar estas cuestiones, en Italia se ha analizado el comportamiento de sesenta y dos corzos radiomarcados, en áreas protegidas, anexas a otras donde se efectuaban batidas de jabalíes con perros y sin ellos. Hay que tener en cuenta además, que estos cérvidos ni siquiera eran las especies objetivo de caza. Los corzos estudiados mostraron un aumento de las áreas de campeo habituales y se concentraron preferentemente en zonas vedadas, que utilizaban como refugio, especialmente cuando los cazadores van acompañados de perros, en sus batidas. Los corzos subadultos son los que más utilizaron las zonas de refugio.
Todo esto permite vislumbrar, una vez más, el elevado impacto de la caza en especies sometidas a manejo humano deportivo, pero también sobre aquellas protegidas o vulnerables con las que conviven, lo cual es especialmente acusado cuando una actividad deportiva -que ocasiona la muerte de millones de animales-, se sirve de perros para desplazar esas especies, independientemente de que vayan a ser objetivo de caza o no. Se generan severos impactos en nuestro medio natural, escasamente evaluados por los gestores y con consecuencias notabilísimas en cuestiones tales como atropellos, descenso del éxito reproductor, abandono de zonas de refugio e hibernación, etc.