
2011-01-05
¿Dar de comer o no a los pájaros silvestres? Esa parece ser la pregunta que mantiene divididos a los expertos.
La Sociedad Real para la Protección de los Pájaros -la organización británica sin fines de lucro más importante de Europa, que asesora a los aficionados a la ornitología- recomienda alimentar a las aves, en su página de Internet y cerca de la mitad de los hogares en el Reino Unido siguen al pie de la letra su consejo.
Sin embargo, un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores suizos no cree que ofrecerles alimento a las aves sea una buena idea. No, al menos, en todo momento.
Según Valentin Amrhein, de la Universidad de Basilea, en Suiza, “las aves que consumen semillas colocadas en su territorio específicamente con el propósito de alimentarlas, comienzan su canto matinal con unos 20 minutos de retraso”.
Los investigadores observaron esta conducta en el carbonero común (Parus major) -habitual en Europa, el Medio Oriente, el centro y el norte de Asia, y en algunas regiones del norte de África- cuando hicieron su experimento durante marzo del año pasado.
“Aunque 20 minutos no parezcan gran cosa, es un lapso de tiempo importante si tienes en cuenta que el canto dura alrededor de 40 minutos”, dijo Amrhein.
Este coro, que se inicia por lo general mucho antes del amanecer, es crucial para estos animales porque les permite defender su territorio de sus rivales, encontrar a las mejores hembras para aparearse y hacer que éstas se mantengan fieles.
Lo que los investigadores vieron no pudo menos que causarles sorpresa: la lógica indicaría que un pájaro bien alimentado está en mejores condiciones de salir a cantar bien temprano por la mañana.
Muy por el contrario, el 36% de los machos alimentados por medios artificiales iniciaron su gorjeo cuando el sol ya se había establecido en el horizonte, en comparación con las otras aves, en las que este porcentaje fue sólo del 10%.
¿Por qué los machos mejor nutridos se tornaron más perezosos a la hora de salir a cantar? “Las razones no son claras, por el momento sólo podemos especular”, afirmó Amrhein.
“Pero es posible que como la presencia de alimento adicional en el territorio atraiga más aves, los carboneros se sientan demasiado intimidados por los machos rivales (para salir a cantar)”, explicó el investigador.
Lo que sí resulta evidente, concluye el estudio, es que alimentarlas interfiere con su comportamiento habitual.
Por todas estas razones, los investigadores recomiendan, en el caso del hemisferio norte, dejar de alimentarlas “a fines de marzo, cuando muchas especies comienzan a establecer su territorio y a buscar pareja, y recomenzar a finales de octubre, principios de noviembre”.
En otros momentos del año, alimentarlas no representa un problema.