
infeccion por garrapatas en un ratón. Foto: J Brunner
2010-12-13
La menor presencia de especies en un ecosistema parece estar asociada a una mayor extensión de enfermedades infecciosas, según una revisión de la literatura científica al respecto que acaba de publicar la revista Nature
Hay varios mecanismos por los que una mayor o menor biodiversidad pueden provocar un impacto en la propagación de microorganismos. En principio, lo único que está claro es que el efecto de la pérdida de especies altera el ecosistema en que éstas viven, de forma que la transmisión de patógenos entre ellas también se ve afectada.
En teoría, esta variación podría traducirse en un aumento o bien en una reducción de los contagios. Pero, por un motivo u otro, la desaparición de animales y plantas suele ir acompañada de una mayor incidencia de infecciones, según han revelado Felicia Kessing, del Bard College en Annadale (Nueva York) y sus colegas en la revista Nature
Lo que ha ocurre en estos casos es que las especies desaparecidas eran menos susceptibles de convertirse en huéspedes de los agentes infecciosos. Por el contrario, las que sobreviven a la pérdida de biodiversidad parecen ser las que más eficazmente transportan y expanden enfermedades. El resultado es que aumenta la densidad de las especies portadoras, lo que incrementa, a su vez, la posibilidad de contagios.
Curiosamente, parece que sucede también en el interior de los propios organismos. Cuanto mayor es la variedad de especies microbianas que habitan un cuerpo, menos posibilidades tiene de contraer infecciones, según han reflejado algunos estudios.
En todo caso, la posible asociación entre la pérdida de especies y el aumento de las infecciones es un motivo más para "incrementar con urgencia los esfuerzos locales, regionales y globales para preservar los ecosistemas y la biodiversidad que contienen".