
2010-06-14
Cada año son cientos los corcinos que son recogidos por personas bienintencionadas que ignoran que no están abandonados. Todos los años se promueve una campaña para que estos bellos animales no sean molestados ni recogidos
Las corzas, cómo muchas otras hembras de herbívoros, tienen la costumbre de esconder a sus crías entre la vegetación las dos o tres primeras semanas de vida. Para una persona que no conozca el campo, ni estos hábitos de los animales, encontrar un pequeño y desvalido cocino, acurrucado entre la hierba, no le indica más que está abandonado.
Un número creciente de corcinos son recogidos cada año. Sacar adelante a un corcino es realmente difícil, incluso para personas con experiencia como los veterinarios. La mayoría de ellos mueren las horas o días siguientes a ser recogidos. Los que no lo hacen están condenados a vivir en cautividad, ya que los animales criados por humanos pierden sus instintos naturales de huir y de defensa, y por lo tanto tienen escasas posibilidades de sobrevivir en el campo. Además, los corzos machos criados en cautividad, se vuelven agresivos y realmente peligrosos. Más de una persona ha tenido que ir al hospital gravemente herido por uno de estos animalitos.
La Asociación del Corzo Español (ACE) no podía permanecer indiferente ante esta situación, y de ahí nació el Proyecto CORCINO. Con el objetivo de educar a la gente del campo, y la gente que utiliza el campo como forma de expansión, la ACE comenzó en 2004 una campaña de sensibilización sobre el problema. Inicialmente lo hicimos con trípticos y carteles repartidos por pueblos, colegios, colectivos de cazadores, grupos de montaña, grupos ecologistas, bares, gasolineras, armerías, etc. y se pretendió llegar a las personas del campo o que lo frecuenten durante la primavera, con el sencillo mensaje de que, al encontrar uno de estos animales, simplemente hay que dejarlo donde estaba.