
2010-05-30
No es que no haya café para todos, sino que, por no haber, no hay ni agua potable. Con frases como éstas, dos de las figuras más relevantes de la ciencia medioambiental, Carlos Montes y Ramon Folch nos hacen reflexionar sobre el futuro del planeta.
Para celebrar el Día de la Tierra, el Institut d’Estudis Catalans (IEC) dio voz a dos de las figuras más relevantes de la ciencia medioambiental, Carlos Montes y Ramon Folch. Ambos son discípulos, a su vez, de dos figuras míticas de la ecología en este país: Fernando González Hernández y Ramon Margalef.
Carlos Montes, responsable del Laboratorio de Sociecosistemas adscrito al Departamento de Ecología de la Universidad Autónoma de Madrid, dio a su conferencia un título provocador: Mitos, leyendas y modas en la gestión de la biodiversidad. Vivimos, según este investigador, inmersos en el Antropoceno, una etapa evolutiva en la que los humanos debemos discernir el papel que corresponde a las especies en peligro de extinción y a los espacios protegidos. La economía manda, sus crisis condicionan todas las demás crisis. Montes asegura que la crisis económica es sólo la punta de un iceberg que oculta una crisis mucho mayor: la de la gestión del planeta.
Para Montes la crisis ecológica no es, de hecho, un problema ecológico, sino humano. “Estamos llamados a aprender cómo vivir bajo un modelo económico sin límites en un planeta limitado”. El crecimiento económico degrada los ecosistemas y su biodiversidad es puesta en jaque. “La respuesta es, a veces, torpe, como en el caso de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, cuya ‘biofilia’ ha dado pie a una filosofía de conservación secuestrada”. Las áreas protegidas no pueden proteger la biodiversidad que las inspiró; son una excepción contra una regla. Las administraciones creen cumplir con su cometido mediante la creación de un centenar de áreas protegidas por año, pequeños reductos que delatan la falta de un gran acuerdo social. “Son medidas necesarias, pero no suficientes”. Citando a Albert Einstein: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”.
Ramon Folch (titular de la Cátedra de Metatecnia Ambiental y Socioecologia del Instituto Catalán de Tecnología de Barcelona), lejos de contestar las tesis provocadoras de Montes, abundó en su estrategia y su tono asegurando que “el PIB mata”. Como las clásicas viñetas de Arquimboldo, lo mostrado no es lo que aparenta. “A mayor injusticia social, peor biodiversidad, y viceversa”.
Para Folch, lo preocupante no es que seamos demasiados, sino que es imposible que todos podamos vivir igual. No es que no haya café para todos, sino que, por no haber, no hay ni agua potable. “Los hechos son los hechos, y la realidad es su percepción”. Criticó que no haya rigor en el conocimiento de la realidad por parte de sus gestores y que se confundan a menudo los términos. “El valor de un ser vivo es absoluto, el precio es relativo”. Se proponen muchos frentes de unión a favor de la naturaleza y contra el sistema actual, pero no hay un modelo a seguir que sea realista. “No es que estemos de parte de la naturaleza, sino que somos parte de ella”. Folch diferenció los “retos categóricos” de las “alarmas anecdóticas”, criticando que las alarmas anecdóticas suelan sacarse de contexto: “No somos una Sociedad del Conocimiento, sino de la Información”.
El cambio climático, es un reto categórico, “al igual que los modelos energéticos a los que atenernos”. Según este experto, “el petróleo se acabará, y no es algo que planteen los ecologistas, sino la propia industria (según un informe de Shell Oil); la fecha estimada es el año 2020”. Como las ratas o las palomas, somos una especie-plaga, “pero pesamos sólo 300 millones de toneladas, una miseria”. Suponemos la misma biomasa que las hormigas, pese a que por cada ser humano hay un millón de hormigas. Lo peor, insistió, no es que seamos demasiados, sino que gastamos demasiada energía.
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