
2013-03-12
Hasta 2011, la especie estaba citada en 16 cuadrículas alavesas y una más compartida con Burgos. En 2012 y lo que va de 2013, ha sido localizada en tres cuadrículas más, en una de las cuales, incluso ha sido certificada su reproducción.
El picamaderos negro (Dryocopus martius) es un ave de la familia de los Pícidos o pájaros carpinteros. Se trata de un magnífico bioindicador forestal en nuestras latitudes, porque se trata de una especie íntimamente ligada a extensas y bien estructuradas masas forestales caducifolias y perennifolias del norte peninsular, conformadas por hayedos, robledales pinares y abetales, principalmente. Por su rareza, singularidad y estado de conservación, está catalogado como una especie “Rara” en Euskadi. Se encuentra repartido irregularmente en las montañas alavesas, en el occidente vizcaíno, y en los rebordes montañosos meridionales y orientales guipuzcoanos.
En Álava, un trabajo efectuado por ornitólogos durante 2011 detectó su presencia en 16 cuadrículas UTM de 10 km de lado, pero esta distribución está basada en individuos territoriales y/o individuos en dispersión que puedan manifestar conductas más o menos territoriales. Gracias a colaboradores de GADEN, se ha podido ampliar la presencia conocida del picamaderos negro en otras 4 cuadrículas más, pero con metodologías no comparables.
La mayor parte de las citas bibliográficas no permiten afirmar su estatus como especie reproductora en Álava, tratándose por tanto de una especie de la que apenas se han detectado eventos de reproducción hasta la fecha, siendo casi todos los conocidos, ligados al macizo del Gorbea. Durante la temporada 2012, se ha podido constatar la presencia de un territorio reproductor en un sector previamente no conocido, ligado a los pinares y hayedos de la comarca de Valles Alaveses, donde una pareja sacó con éxito dos pollos durante la pasada primavera. Previamente se había sospechado de su existencia como reproductor, porque se había incluso contactado con varios individuos en época favorable en varios enclaves serranos, y hasta incluso se había detectado un territorio reproductor en la vecina Burgos. Pero es ahora cuando se ha permitido documentar fehacientemente la reproducción fuera del Gorbea.
En los últimos tiempos, algunos trabajos han señalado la gran expansión que esta ave parece haber mostrado en virtud de unos supuestos incrementos territoriales detectados en los bordes de su área de distribución ibérica (Cordillera Cantábrica y Pirineos). Según dichos trabajos, constituye un proceso sencillo de documentar e indicativo de su estado de conservación general. Pero no debería pasarnos desapercibido que lo que acontece en los límites del área de distribución de una especie no necesariamente tiene que reflejar lo que sucede en el centro de su área de repartición centroeuropea (el grueso de su población europea). En Europa occidental, la representatividad del contingente poblacional de esta piciforme es inferior al 40% de su área de distribución total en el Paleártico. Mientras en algunos países europeos (Francia, Chequia, Suiza, Dinamarca, Bélgica, etc.) se señalan tendencias poblacionales positivas, en otros se señala su estabilidad (Alemania, que alberga el grueso de los picamaderos negros centroeuropeos), o incluso su declive constatándose grandes fluctuaciones poblacionales (países escandinavos), sin una relación causa-efecto clara en cuanto a cambios de manejo forestal.
Es por todo ello, por lo que hay que ser extremadamente prudentes en cuanto al estado poblacional de la especie en Euskadi. Las necesidades de conservación a largo plazo que requiere esta magnífica ave pasan por un manejo sostenible de los recursos forestales y un cambio significativo de las prácticas forestales empleadas hasta la fecha en los monocultivos forestales presentes en Euskadi, a pesar de que se haya incluso constatado la presencia de estos pícidos en rodales de esos mal llamados bosques que no son sino plantaciones artificiales forestales.